Desde el 9 de junio de 2019 hasta la interrupción por el coronavirus la antigua colonia británica ha vivido un año de protestas crecientes ante los intentos de Pekín de coartar su autonomía.

Este martes, miles de personas han vuelto a salir repartiéndose por las calles del centro de Hong Kong para conmemorar el primer aniversario de la marcha histórica. Muchos de los manifestantes levantaron sus teléfonos con la linterna encendida, mientras que otros abrieron sus paraguas para ocultar sus identidades.

Los agentes antidisturbios, que ya habían advertido que estas concentraciones están consideradas asambleas ilegales -continúan las restricciones por el coronavirus, como la prohibición de reuniones de más de ocho personas-, acabaron cargando y usando gas pimienta para dispersar a los manifestaciones.

China ha gobernado Hong Kong bajo el acuerdo de “un país, dos sistemas” después de su cambio de soberanía en 1997. La resolución convirtió a Hong Kong en una Región Administrativa Especial, es decir, que podía disfrutar de cierta autonomía durante 50 años.

Entonces eso supuso un cierto alivio para unos ciudadanos que se sintieron atrapados entre una inminente patria china que no podían cambiar y una patria imperial británica que se alejaba para no volver. Aunque ahora muchos hongkoneses con pasaportes británicos han abrazado con esperanza la promesa de Londres que los situaría camino de la ciudadanía británica si se empieza a aplicar la ley de seguridad nacional.